La Catedral de Burgos

La metodología que he empleado para realizar esta propuesta es el resultado de un largo proceso de análisis de la evolución que la Catedral ha experimentado desde que se inició su restauración. Nos preocupa especialmente la relación del monumento con la ciudad en la que se encuentra enclavado, el uso que puede hacer la población local, y lo que supone para el bienestar de los ciudadanos y la vida comunitaria, por los valores éticos, los valores artísticos y por el potencial didáctico para inculcar los valores culturales. Al realizar el seguimiento de la Catedral he tenido la oportunidad de constatar que no se mantienen los valores que dieron lugar a la declaración de la Catedral de Burgos como Patrimonio Mundial. Por eso pongo en relación los índices que hacen referencia al valor del bien con los problemas y los cambios que se derivan de las intervenciones realizadas para su restauración.

Intervenciones en el monumento

Las intervenciones realizadas en la Catedral de Burgos resultan muy agresivas y preocupantes porque, además de pérdida de autenticidad, provocan una pérdida irreparable de integridad. Afectan tanto al interior -modificaciones en la organización de los espacios, uniones de capillas, cierre de pasajes y apertura de nuevas comunicaciones o sustitución de elementos- como al exterior del templo: limpieza de fachadas, reparaciones y sustituciones de elementos decorativos y estatuas. Estas actuaciones están dirigidas a la turistización y museización del monumento. En estos momentos se han comenzado las obras de un túnel que hará posible el circuito turístico que se pretende organizar.

La Catedral padecía problemas que no han sido atacados en su raíz sino enmascarados, con consecuencias muy negativas: suciedad por abandono y humedad no atajada; vandalismo por actuaciones inconscientes y desidia; o grietas provocadas por la alteración de los cursos de agua subterráneos por obras realizadas en el entorno (colector, aparcamiento subterráneo ...). Pero las grietas que han sido tapadas vuelven a salir y además aparecen otras. La suciedad y el color gris de la caliza han sido atacados con tratamientos y técnicas muy agresivas: chorro de arena a presión, sistema más agresivo que la erosión atmosférica. Se elimina la suciedad pero es una pérdida de sustancia irreversible. Además, para contrarrestar el color blanco de la piedra, resultado del raspado de la arena, se procede a una entonación cromática y a la hidrofugación de la roca, utilizando, imprudentemente, nuevos materiales y nuevas tecnologías que no han sido suficientemente contrastados con la experiencia. Las fachadas han sido pintadas y teñidas de colores rosados, sin criterio y sin una investigación histórica. El color, excesivamente rojizo, y los gruesos trazos negros que imitan un despiece de sillares en el cuerpo bajo de la fachada principal resalta negativamente.

Desde la intervención realizada, seguramente por la utilización de barnices protectores (acrílicos) y morteros de restauración inadecuados, han aparecido manchas grasientas. Posiblemente sean el resultado de la consolidación excesiva en una roca cuyos poros quedan sellados, impidiendo la transpiración del agua y la humedad, y produciendo un estallamiento y arenización de la roca, visible en sillares y estatuas. La falta de criterio con que se actúa se evidencia en la Puerta de la Coronería, en la que se han exhumado partes enterradas, con lo que la puerta parece un ventanal al que el visitante se asoma desde una ridícula barandilla de acero inoxidable.

Se han realizado burdas reparaciones como la colocación de canalones taladrando elementos decorativos de los paramentos. Con ello se elimina la función de las gárgolas, reducidas ahora a pura decoración. Esta actuación, lejos de resolver los problemas de evacuación de las aguas pluviales, introduce y fija humedad a lo largo de las paredes y en la base de los muros. Todo ello viene a sumarse al atentado estético que los tubos de zinc introducen en la decoración que rompe diseño y la armonía de la obra de arte.

Especialmente grave es la sustitución de 15 estatuas de la fachada de Santa María por réplicas exactas de resina epoxídica, sustitución realizada sin la existencia del necesario estudio previo que constatara con precisión las alteraciones específicas que les afectaban, y justificara su sustitución como única alternativa para su conservación. La instalación de réplicas en resina, que se justifica porque no se va a notar, es un fraude que manifiesta la distancia abismal entre la discriminación elitista, con que se encierran los bienes, y la concepción del Patrimonio Histórico como instrumento de cultura, imprescindible para el adecuado desarrollo del individuo. La consecuencia más grave es la desconfianza ante la creciente tendencia a la falsedad y manipulación, lo que provoca el empobrecimiento de la Catedral y desemboca en una pérdida de valores patrimoniales del bien protegido: pérdida cultural, estética y pérdida social y económica. El valor de la arquitectura histórica está en los elementos arquitectónicos y su configuración, y también en ser un sistema de señales materiales que permite integrar las fases constructivas de la fábrica, definición de cronologías, el saber hacer y la tradición que se ha sucedido a lo largo de la historia y que otorga identidad a los pueblos. Por eso, eliminar estos valores es hurtar la obra arquitectónica, es el peor de los expolios que se puede realizar, puesto que se la despoja del interés científico e interpretativo. Se le quita el interés como documento histórico heredado. Se anula su valor como testimonio del pasado y por ello su interés cultural.

En la génesis de una obra, las ideas se plasman sobre una materia de acuerdo con el uso previsto. La forma y la materia son muy importantes porque juntas adquieren un significado. Materia, forma y significación es la razón por la que los edificios históricos tienen valor. Si la falsificación viola esta relación mutua entre tales conceptos, si se rompe alguno de ellos se provoca la crisis y el valor desaparece. La realización industrial de estatuas de resina no contiene ninguna relación entre materia-forma y significación, son una mera falsificación. Descartamos que posean un valor cultural. Las réplicas no son patrimonio. Por su puesto no son arte, al no ser producto de la inspiración y la mano del hombre, y no poseen belleza, puesto que ésta no reside sólo en la forma, sino en la materia debidamente modelada. Nadie las mira. Las reproducciones colocadas en la fachada son exactamente iguales a las originales en forma, en tamaño y se ha intentado que sean de igual color (sin conseguirlo). Estos aspectos morfológicos -forma, color, tamaño- pueden también salvaguardar el orden formal y el equilibrio de la composición de la fachada, pero no ofrecen ninguna información ni valor histórico. Más grave es que también se ha perdido el valor patrimonial del conjunto de las estatuas que se quería salvaguardar, ya que se ha perdido el simbolismo de las estatuas heredadas, que en el museo no significan nada. Al ser desplazadas, a cambio de una pretendida perdurabilidad, se han convertido en fragmentos cuya yuxtaposición espacial no puede ayudar a la comprensión del significado de las catedrales, son meros objetos sin el valor que tenían como representaciones metafóricas en la fachada principal.

Hoy las originales se encuentran en la claustra baja sin ningún orden y mezcladas con otros objetos, desprovistas de todo valor simbólico. Se ha roto la escena creada por una determinada composición de los elementos escultóricos responsable de la significación de las imágenes que no son pura forma. Esta situación es especialmente degradante para el conjunto escultórico de la Virgen, eliminado del lugar de honor desde el que presidía la fachada del templo, dedicado a Santa María.

El concepto de autenticidad es un valor esencial y una condición a la vez inherente al patrimonio, sinónimo de individualidad, de originalidad, referida a lo que un bien tiene de singular. Es lo que marca su identidad por ser un producto histórico. Como la identidad se asocia a originalidad material -pues la materia permite documentar la originalidad- cualquier cambio en la materia hace perder la autenticidad.

También en el interior han tenido lugar sustituciones significativas de elementos decorativos históricos (como las 17 claves de la bóveda de la capilla de los Condestables) por reproducciones industriales de resina epoxídica. En este caso la sustitución no se ha hecho pública. En este caso no se trata de piezas de piedra y no están a la intemperie. Se trata de elementos de madera que estaban en el interior de la capilla, es decir, protegidos de los agentes atmosférico. Hoy la capilla de los Condestables luce réplicas exactas (y por tanto, falsificaciones) sin que hasta el momento se conozca el paradero de las piezas originales o auténticas. En ambos casos es preciso señalar que las réplicas, aunque sean exactas, no proporcionan un conocimiento superior del monumento que se pretende conservar, sino que como mucho sólo pueden ofrecer unos datos superfluos de reconocimiento y ello únicamente de la forma.

Actuaciones en el entorno de la Catedral

El Ayuntamiento de Burgos, a pesar del Plan Especial del Centro Histórico, tolera y propicia, incluso con ayudas económicas, una transformación degradante de los inmuebles del entorno, que son modificados por procesos de fachadismo y de alteración de estructura en cubiertas y vanos, y alteración de materiales. Especialmente degradante para el medio ambiente histórico son las sustituciones masiva de las tradicionales galerías de madera por modernas estructuras de aluminio y PVC. Igualmente agresivo resulta el tratamiento que el propio Ayuntamiento hace del espacio público en el conjunto histórico que rodea a la Catedral. En este espacio no se han considerado los valores históricos a la hora de instalar un mobiliario urbano que no se adecua ni por el tamaño, ni por los materiales, ni por los colores, ni por los mensajes -fundamentalmente publicitarios- al ambiente urbano medieval que rodea al monumento. Es especialmente llamativo el descuido en la regulación de los servicios de hostelería (bares, cervecerías, pubs,...) que con su elevada concentración en este sector, priva de calidad urbana y provoca no pocos problemas (alto nivel de tráfico de camiones de reparto, suciedad, etc.) a una zona de alta fragilidad ambiental. Sólo la inconsciencia puede guiar las obras de reconstrucción banal de un castillo en un conjunto histórico que es recorrido por el Camino de Santiago, con lo que se introduce un falso histórico y se genera un desequilibrio demasiado fuerte y demasiado absurdo para dos bienes que se encuentran en la Lista del Patrimonio de la Humanidad. Ello a pesar del pronunciamiento realizado por el Comité Mundial de la UNESCO en su XXII Sesión (Kyoto, 30 nov-5 dic 1998) sobre el estado de conservación de la Catedral de Burgos: "El Comité toma nota de la confirmación del observador de España de que el proyecto para el cerro y castillo de Burgos ha sido suspendido y que no se emprenderá obra alguna".

Con actuaciones de este tipo no sólo se rompe la estética y la armonía del conjunto, sino que se agrede paisajísticamente el bien protegible: la Catedral.

Los cambios de uso de la Catedral

La Catedral con múltiples valores -histórico, artístico, cultural, paisajístico y, sobre todo, con un valor simbólico y religioso- ha constituido el símbolo, el hito fundamental con el que se identifica la población y la ciudad de Burgos. La Catedral ha estado íntimamente ligada a la vida de los ciudadanos burgaleses, para quienes la Catedral era iglesia, monumento, lugar, sitio,... y en algunas ocasiones oportunidad para visitar exposiciones o escuchar conciertos. Hasta 1997 se podía acceder al monumento libremente y únicamente había que pagar para visitar el Tesoro, pero las capillas tenían un acceso directo y libre desde la nave central del templo. En el momento en que comenzaron las obras de restauración se ha ido produciendo el cierre de cada una de las capillas restauradas. La mayor transformación de este bien, por tanto, está haciendo referencia a los cambios de uso de la Catedral, que ha adquirido una clara orientación museística y una planificada explotación turística, como fuente de obtención de recursos económicos. Es preocupante, no obstante, el que no haya indicaciones de que se trata de un monumento declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

En la actualidad se está abriendo un túnel por debajo de la escalera de la Puerta del Sarmental (sur), con lo que el acceso de los turistas al monumento se efectuará desde una sala de recepción de visitantes a través del túnel hacia el claustro bajo. Luego la visita sigue al claustro alto, sigue por las capillas habilitadas ya como museos y finalmente, los grupos de turistas recorrerán el propio templo catedralicio al tiempo que abandonan el complejo expositivo. Si se tienen en cuenta todas estas cuestiones podemos valorar las ventajas que tiene la conservación de este monumento para la población. Yo me he fijado en una serie de necesidades que, según la Convención del Patrimonio Mundial, han de guiar las intervenciones que se realicen en los bienes inscritos en la Lista: en especial en el mantenimiento de la autenticidad, de la integridad y del buen uso del patrimonio.

Por eso considero imprescindible la vigencia funcional, es decir, el mantenimiento de los usos históricos de la Catedral y eliminar cualquier planteamiento que excluya a la población local o a cualquier grupo social mediante la supresión del pago de entrada (son admisibles los donativos voluntarios), puesto que consideramos que la esencia del Patrimonio Mundial es su papel educativo en valores, lo que exige la posibilidad de su disfrute para que sea posible el enriquecimiento cultural. Por eso nos parece negativo el hecho de que se esté realizando un cambio significativo de uso de la Catedral, que quedará cerrada en el momento en que se acaben las obras del túnel que se construye para dar acceso a la visita turística.

La concepción del Patrimonio histórico para el adecuado desarrollo del individuo nos lleva a afirmar que la conservación de un Bien no puede ser reducida a la conservación formal sino que debe de asegurar su esencia funcional y simbólica y su importancia como factor de desarrollo cultural de la población local y visitante, tanto por la posibilidad de disfrutar el Bien como de aumentar del desarrollo educativo de la población, con el fin de lograr la mejora de la calidad de vida y la educación en valores de solidaridad y cooperación.

La Catedral fue incluida en la Lista del Patrimonio Mundial, como bien cultural, por su autenticidad, por su valor excepcional y por haber conservado su compleja función a lo largo de los siglos. Pero por las intervenciones realizadas ha experimentado un empobrecimiento desde el punto de vista cultural.

Por ello considero que en la actualidad la Catedral de Burgos es un Bien en Peligro, porque la pérdida cultural es el mayor de los expolios que se pude hacer del patrimonio. Por eso considero de vital importancia el mantenimiento de la multifuncionalidad de la Catedral, una Catedral viva y abierta, con especial atención a los peregrinos jacobeos.


Begoña Bernal
ICOMOS España





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